Carlos B.M.

lunes, 23 de junio de 2008

En bici por el Alto Alberche.


Estar situado a más de 1.000 metros de altura y en medio de un valle hace que cualquier ruta que se realice desde Navarrevisca sea subir para después bajar, o bien bajar para luego subir. Los hay que prefieren ésto último pues de esta manera cuando suben ya vienen con las piernas calientes, pero lo importante es disfrutar de rutas que a pie serían eternas y agotadoras.

Hacer de 20 a 30 kilómetros es duro si no se tiene una cierta preparación, por lo que las rutas deben ser "para todos", grandes y pequeños, y que en todas y cada una de ellas se pase por algún punto que puede hacer que el que así lo desee se dé la vuelta. Los más "valientes" conseguimos llegar hasta el final poniendo pie a tierra cuando nos parece y no sólo para sortear algún obstáculo, si no para coger aire en alguna subida. No vamos a ganar medallas y lo que sí vamos a ganar es amigos, sobre todo cuando los esperamos y ayudamos a realizar el recorrido.

Buen rollito y buen viaje a todos.

lunes, 16 de junio de 2008

Trabajo de campo.


Hay quien dice que la página de Senderos tarda mucho en actualizarse. Puede que realmente así sea, pero lo que no se puede negar es el trabajo que lleva detrás.

Primero. Hay que diseñar lo que se quiere hacer y después de haberlo plasmado y realizado siempre surgen nuevas ideas y mejoras.

Segundo. Lo que se ve es el resumen de jornadas de pateadas por parte de algunas personas, como el amigo Jarana, que han ido recopilando datos de lugares: nombres de zonas y fuentes, su situación geográfica y localización de algunas veredas totalmente tapadas por la vegetación.

Tercero. Hay que organizar y detallar las rutas perfectamente con mapas de la zona, verificar el kilometraje y describir lo que se puede encontrar un senderista que no conozca la zona pero que no tenga problemas en realizar el recorrido sin perderse.

Cuarto. Los que, como yo, nos gusta montar en MTB (bicicleta de montaña) tenemos que realizar las rutas cargando con la bici a cuestas en más de un tramo o dándonos la vuelta en otros, por lo que las realizo y detallo si es ciclable o no y su porcentaje.

Quinto. No sólo es escribir o describir la ruta si no que también hay que hacer fotografías para que al realizar la ruta recordemos, si antes lo hemos visto, que la ruta realmente pasa por ahí.

Sexto. La colaboración entre todos es crucial y, la verdad, es que a la página llega muy poco material. Todo el mundo dice: "ya te mandaré algunas fotos" o "yo tengo una ruta en bici que...", pero al final...

Y séptimo. Lo más importante de todo. Hay que hacerlo con el poco tiempo que nos queda "robándole" minutos a la noche y, a veces, a la familia. Eso sí, cuando veo a mis hijas que se quedan mirando lo que hago y su cara de felicidad viendo "las fotos del pueblo" se me olvida el cansancio y las preocupaciones. Lo único que importa es estar en Navarrevisca de una manera o de otra...

sábado, 14 de junio de 2008

San Antonio.

Día 13 de junio. San Antonio de Padua.
El patrón de Navarrevisca es San Sebastián pero son muchos los que desconocen esto y piensan que es San Antonio. Lo cierto es que siempre me sorprendo cuando veo la ermita rodeada de tantas personas que, con su devoción, consiguen recorrer el camino en procesión cantando y engalando las calles con flores de colores cuyo olor perdura durante todo el día, de cuántas cosas donan a San Antonio para ser subastadas y de cuánto dinero se recauda en dicha subasta.

Crecí bajando muy a menudo con mis abuelas a rezar a San Antonio, unas veces por la Chorrera y otras por el Pozo y algo de aquello se queda, por lo que siempre que voy al pueblo procuro bajar y, al menos, mirar a través de la puerta hasta que mis ojos se hacen a la débil iluminación interior con velas y le veo. Siempre está allí y siempre está con nosotros.

Soy devoto y creyente puesto que son muchos los que le han pedido y les ha dado y por eso, hoy que no puedo estar allí, escribo para dar las gracias a nuestro Santo.


lunes, 2 de junio de 2008

Camino a Navarrevisca.


Me faltaba tiempo para salir de clase del colegio con la cartera cargada de libros, ya que entonces no habían las mochilas maravillosas con ruedas de ahora. Bajaba las escaleras lo más rápido que mis delgaduchas y torcidas piernas, y algún que otro compañero tranquilote, me lo permitían y en cuanto asomaba mi cabeza por la puerta ya lo estaba buscando. Miraba a un lado, al otro y ..., por fin, allí estaba. Viejo, cargado hasta arriba, su color verde oscuro hacía que la chapa se recalentase un poco. En el interior, unos asientos de escay que también se calentaban que daba gusto acomodaban el trasero de cuatro niños para iniciar uno más de los muchos viajes a "nuestro pueblo".


Entonces no había cinturones en las plazas traseras, ni asientos infantiles, ni elevadores, ni aire acondicionado, ni... Pero sí había unas ganas tremendas de pasar las dos horas de viaje por carreteras estrechas y llenas de curvas para llegar a Navarrevisca lo antes posible. En invierno salíamos casi de noche pero según avanzaban los días llegábamos con la luz del astro rey cegando en las últimas subidas.


El viaje se amenizaba con canciones principalmente infantiles. ¿Quién no ha cantado -y me refiero a los que rondan los cuarenta- las canciones de los payasos de la tele, o de las series de televisión como Heidi, Marco, la abeja Maya,...? Si alguien se mareaba, se paraba a la orilla (sin chalecos, sin triángulos,...) y a tomar el fresco.


Salíamos de Alcorcón, donde vivíamos, y tras pasar un stop peligroso cogíamos la comarcal 501 (ahora dividida en Avda. de San Martín de Valdeiglesias, M-506 y M-501 o "de los pantanos"), atravesábamos con algún que otro atasco Villaviciosa de Odón, Brunete, Chapinería, Navas del Rey, Pelayos de la Presa y después de cuzar San Martín de Valdeiglesias y entrar en la provincia de Ávila subíamos el Atalaya para empezar con las "herraduras" antes de "temblar" con las calles adoquinadas bordeadas de aceras-mostrador de frutas y verduras de El Tiemblo. Continuábamos por la revueltas antes de llegar a la presa del Burguillo y seguir hacia el puente de la Gaznata para girar a la izquierda después de pasar la gasolinera de Juanjo (la última antes de llegar, entonces) y recorrer la revirada "cola" del pantano. Tras la recta, Navaluenga, y desde aquí unas pocas curvas hasta Burgohondo y una colección de ellas subiendo desde el Morisco hasta Navarrevisca, con descansillo para los motores al llegar al alto de Navahondilla, principio del término municipal.


Al coronar el Truchero para empezar a bajar por el "Praíllo" hacia el pueblo me inundaba una alegría que no sé cómo describirla. Me faltaba tiempo para bajarme del coche y salir corriendo a ver a mis abuelos. Tuve la suerte de conocer a los cuatro y de aprender muchas cosas de ellos, entre ellas el amor y el respeto no sólo hacia las personas (primordial) si no también hacia la naturaleza, por lo que el proyecto de los senderos me agradó tanto que, aunque ya no vaya al pueblo como lo hacía antes, me animó a colaborar creando la web y disfruto haciendo las rutas y senderos y pienso en todos aquellos que los recorrieron e hicieron posible que muchos estemos aquí y ahora. Va por ellos.