Carlos B.M.

jueves, 31 de julio de 2008

Vacaciones.

Quizás el estar lejos del pueblo me hace recordar muchas cosas y sentir lo que normalmente se suele llamar añoranza.

Hace tiempo, cuando las circunstancias eran totalmente distintas, sin familia propia de la que estar más o menos pendiente o dependiente, sin un trabajo que te quita esos días que podrías disfrutar,..., entonces, sí, entonces iba al pueblo cada dos por tres. Y llegaban las vacaciones. Era igual que fueran de Navidad, Semana Santa o de verano. El caso es que siempre estabamos allí, recorriendo las calles, jugando en las "regaeras", haciendo el trasto con las bicicletas,..., disfrutando y aprendiendo de todo y de todos. Recuerdo que alguien preguntó que cuántos teníamos abuelos y cuántos abuelos teníamos y yo contesté que "por suerte o por desgracia tenía a los cuatro". Nunca he dicho una verdad tan grande (excepto cuando dije "sí, quiero"), y lo cierto es que tanto mis abuelos paternos, Pepa y Pablo, como los maternos, Nina y Faustino, me enseñaron muchas cosas, pero sobre todo el amor a nuestro pueblo.