Vivimos en una sociedad en la que tenemos todo y de todo y averiguar que hubo muchas personas desplazadas (hoy también las hay) por culpa de falta de trabajo, de dinero o de comida te sorprende y aún más cuando te cuentan cómo hacían ese viaje de un día en coches lentos, con carreteras sin asfaltar, cargados de peso y de personas.
El viaje a Burdeos ha hecho que mis padres hayan vuelto al lugar donde pasaron unos cuantos años duros y felices (9 estuvo mi padre). El desconocimiento del idioma se suplía con buen hacer y un poco de ayuda por parte de los muchos españoles desplazados al otro lado de los Pirineos. La lejanía respecto a sus padres y hermanos no era tanta cuando tenían a algún familiar al lado con el que poder celebrar los cumpleaños, la Navidad, San Antonio,...
Los hermanos de mi padre que convivieron en aquella población, en ese "otro país", fallecieron unos hace unos años y otros hace muy poco, por lo que el viaje también ha sido duro para todos al recordar (en mi caso al imaginar) cómo paseaban por esas calles empedradas y estrechas de edificios oscurecidos por el clima atlántico y la humedad de un gran río, dónde vivían, dónde nacieron sus hijos, dónde estaba la playa a la que iban a bañarse, dónde estaba esa casa que construyeron con su sudor,... Todos esos recuerdos nos inundan en todos los aspectos y la emoción hizo, hace y hará que se nos escape alguna lagrimita por Antonio, Jesús, Geñi e Isabel Barroso. Va por ellos y todos aquéllos que hoy no están con nosotros este recordatorio.
Ya continuaré en otro momento. Perdonad.
