Aprendí en estas tierras lo bueno y lo malo (poco, la verdad), a hacer amigos y enemigos (??), a enamorarme y desengañarme, a currar y valorar lo que la naturaleza nos da y cómo nos lo da.
Cuando pateas por los caminos con el olor de la lluvia o con la misma nube encima bautizándote y sientes lo pequeño y solo que puedes estar en medio de la sierra descubres también lo grande que una persona puede llegar a ser.
Si alguna vez has caminado por la sierra con la única compañía del sonido de tus pasos y el cantar de los grillos y de los pájaros, oliendo a tierra, a plantas resinosas o a la hojarasca húmeda sabrás de lo que hablo.
Y si te hablo de cuando las calles eran de tierra o la luz tililaba (no por falta de potencia como ahora) porque todo iba a 120V recordarás muchas otras cosas...
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